La utilización de vidrieras en edificios nace con la construcción de las grandes catedrales a partir del siglo XII. Los artistas de la época se dieron cuenta de las grandes posibilidades y de la belleza de la luz de color para infundir calidez e inspiración en estas grandes construcciones de piedra.

De hecho las vidrieras de la catedrales son uno de los elementos más admirados en ellas. La luz de colores vibrantes filtrada a través de rosetones y altos ventanales góticos inundan los grandes espacios de las catedrales y conectan al observador con sentimientos profundos de belleza, paz y armonía en su interior.

La técnica utilizada en esta época era la union de los vidrios de colores mediante perfiles de plomo y refuerzos de hierro.

Más tarde a finales del siglo XIX con la aparición del Modernismo se popularizó la utilización de composiciones de vidrios de color para el interiorismo y la decoración. Fue Louis Comfort Tiffany quien creo un nuevo sistema de ensamble de las piezas de vidrio para formatos mas pequeños, como lámparas y pequeñas vidrieras, mediante la técnica que lleva su nombre y que se basa en la soldadura sobre cinta de cobre adherida al lateral del vidrio.

Actualmente los trabajos en vidrio de color se usan tanto para lamparas como para decoración en puertas de recibidores de casas, en huecos de escaleras o en espacios donde se quiera crear un ambiente luminoso pero recogido.

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